Resumen entradas anteriores....
Cuando celebramos la misa, sucede esto-El Señor se hace presente entre nosotros; pedimos perdón a Dios; le alabamos con el Gloria; y escuchamos su palabra.
EL SALMO:
Después de escuchar como Dios ha ido guiando a su pueblo a lo largo de la historia se nos invita a orar y dar gracias, y no de cualquier manera, sino con las palabras que Dios mismo ha inspirado y se nos ofrecen para nuestra oración.
El salmo por lo tanto no es una lectura más. Es la respuesta que damos a lo que Dios nos ha dicho. Por eso la forma más habitual es hacerlo responsorial y de hecho solemos darle este nombre: Salmo Responsorial. Nuestra oración, nuestra respuesta es la que Dios mismo nos ha dado.
Hay que decir lo mismo que indicábamos para las lecturas del Antiguo Testamento: pertenecen a tiempo muy lejanos (la mayoría fueron compuesto en tiempos del rey David, es decir, alrededor del año 1000 antes de Cristo). Además pertenecen a una cultura muy distinta a la nuestra, con una situación histórica totalmente diferente. Esto puede complicar su comprensión.
Tenemos que renunciar, al menos en parte, a nuestro deseo de comprender. Estamos muy condicionados por nuestra cultura occidental en la que todo tiene que ser razonado, pensado. Debemos abrirnos a otras maneras de escuchar y de orar. En realidad ya tenemos costumbre de hacer algo parecido, por ejemplo con la música, donde no nos resulta necesario saber y comprender lo que dice una canción, para poder disfrutarla (lo mismo sucede con un paisaje, o una comida: no necesitamos entender).
A esta otra forma de ver los salmos nos puede ayudar el que habitualmente sean cantados, al menos la repuesta. De hecho, los salmos, fueron hechos para ser cantados y esta es la forma en que normalmente deben ser “usados”. Recordamos las palabras de San Agustín: “el que canta, ora dos veces”. Lo cierto es que el ritmo más lento al cantar, y la misma melodía con la que cantamos, deben ayudar a que nuestra oración sea más intensa.
Buscar el sentido cristológico puede ayudar a asimilar mejor el salmo, . Todo el Antiguo Testamento, y con ello también los salmos, nos hablan en definitiva de Cristo. Los salmos no han sido inspirados por Dios para que recemos solamente nosotros, sino para que el Hijo de Dios hecho hombre, pudiera orar con palabras humanas. Con esto presente, hemos de rezar o cantar los salmos como si prestáramos nuestra voz al mismo Cristo. Las expresiones más difíciles de los salmos cobran así un sentido nuevo cuando las ponemos en la boca de Cristo. Por ejemplo, si en un salmo se nos dice: “Ayúdame Señor, que estoy sólo y perseguido”, quizás nuestra situación personal no es esa en ese momento, y nos resulta difícil, hacer nuestra esa expresión, pero sí que podemos rezarla (y cantarla) sabiendo que Cristo oró con estas palabras en su pasión y que ahora, en este tiempo presente, prestamos nuestra voz a Cristo. O puede suceder, que el salmo nos invite a decir: “Te doy gracias Señor, porque me has salvado”, y nuestra situación personal en ese momento no nos permite decir esas palabras, pero las referimos a Cristo.
Salimos así de nosotros mismos, de nuestra situación y nuestros intereses para hacernos un poco más “cristianos”.
SEGUNDA LECTURA:
Solo en las fiestas más importantes, y desde luego los
La segunda lectura es tomada del Nuevo Testamento; bien de algunas de las cartas de los Apóstoles, de los Hechos, o del libro del Apocalipsis.
La distancia cultural y temporal entre el momento en que esos escritos fueron realizados y nuestro tiempo es menor que con el Antiguo Testamento y por lo general suele ser más fácilmente comprensibles por nosotros. Aun así, no siempre es fácil entender con exactitud lo que se quiere decir. Es como cuando visitamos un país que no es el nuestro, que aunque podemos entender las palabras, el significado que le dan, a veces se nos escapa. Entre los libros que nos resultan más difíciles está el libro del Apocalipsis, pues ese género literario (al que este libro da nombre) no nos es familiar. Con frecuencia, las descripciones de este libro son entendidas al pie de la letra por el lector actual, y así resulta cosas incomprensibles, como una bestia con diez cuernos y siete cabezas y diez diademas. Algo realmente difícil de imaginar (la mayoría de los estudiosos de la Sagrada Escritura piensa que el apóstol san Juan se refería a los distintos reinos o imperios, y a los reyes y gobernadores que tuvieron y que persiguieron a los cristianos).
La segunda lectura nos ayuda a sacar algunas conclusiones, y a llevar a la práctica lo que la palabra del Señor nos va a decir en el Evangelio.
ALELUYA:
Que significa: Alabado sea el Señor, o también: Alabad al Señor.
Lo cantamos todos, puestos ya de pie, signo de atención, porque precede a la Palaba del Señor o Evangelio.
A veces, en los días más solemnes, se canta también, después del evangelio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario